Sus miradas eran la muestra de su deseo de escapar, de construir cabañas a cielo abierto.

Te invito a un café. Dejemos pasar esta tarde de otoño que camina lenta como una manada de dinosaurios y cuéntame cómo te va. No cojas el teléfono. Que les jodan a todos. Sólo dime lo bien que van a ir las cosas.

sábado, 13 de marzo de 2010

Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.



Allí nadie sueña con llegar a ser, porque cada uno ya es.
Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
En el desierto no hay atascos, porque allí nadie quiere adelantar a nadie.
Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
Vámonos.


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