Sus miradas eran la muestra de su deseo de escapar, de construir cabañas a cielo abierto.

Te invito a un café. Dejemos pasar esta tarde de otoño que camina lenta como una manada de dinosaurios y cuéntame cómo te va. No cojas el teléfono. Que les jodan a todos. Sólo dime lo bien que van a ir las cosas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Lo infinito está dentro, yo soy el horizonte recogido.






Si puedes mantener la cabeza cuando todos
pierden la suya y por eso te culpan;
si puedes confiar en ti cuando de ti todos dudan,
pero admites también sus dudas;
si puedes esperar sin cansarte en la espera
o recibir una mentira, y no responder con mentiras,
o ser odiado, y no dar lugar al odio,
y , aun así, no parecer muy bueno, ni muy sabio.
Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu maestro,
si puedes pensar y no hacer de las ideas tu objetivo,
si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre
y tratar de la misma manera a esos dos farsantes;
si puedes soportar el oír la verdad que has dicho
manipulada por bribones que buscan engañar a los tontos,
o ver rotas aquellas cosas a las que entregaste tu vida,
y agacharte y reconstruirlas con herramientas viejas.
Si puedes arrinconar todas tus victorias
y arriesgarlas en un golpe de suerte
y perder y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir nada de lo que has perdido;
si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado,
y así resistir cuando no te quede nada
excepto la Voluntad que les dice: “resiste”.
Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
si los enemigos y los amigos no pueden herirte,
si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
si puedes llenar el minuto que no perdona
con el valor de los sesenta segundos de su duración;
tuya es la tierra y todo lo que en ella habita,
y –lo que es más-, serás hombre, hijo mío.


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